lunes, 31 de marzo de 2014
Evaluamos uno por uno a los jugadores de Chivas en el clásico
La actuación fue pésima y la derrota 4-0, inesperada. Casi nadie se salvó del desastre.
Toño Rodríguez: Mal. En tres de los cuatro goles dio la sensación de que pudo haber hecho algo más. A veces se lo notaba tenso.
Néstor Vidrio: Lento, inseguro, errático. Flojísimo y sin voz de mando.
Patricio Araujo: Perdió con Rey en el primer gol y después jugó condicionado por esa acción.
Jair Pereira: Despejó mal y le posibilitó el 2-0 a Rey. Más allá de esa maniobra puntual, no estuvo bien en la marca.
Gerardo Rodríguez: De lo más rescatable, al menos le puso ganas y actitud. Discreto.
Israel Castro: Bien con la pelota, mal sin ella en los pies. No fue el motor que se esperaba en el medio.
Jorge Enríquez: Sólo tuvo una y la desperdició. Flojo: se contagió de sus compañeros.
Carlos Fierro: De lo mejor. Con sus incansables corridas intentó al menos el descuento, pero no era la tarde de Chivas.
Edgar Solís: Sambueza hizo lo que quiso con él: cuando lo encaró, lo pasó. Y terminó perdido en el campo.
Giovani Hernández: Al menos lo intentó. Movedizo, pidió siempre el balón y fue para adelante. Pero claro, el fútbol es un deporte en conjunto.
Aldo De Nigris: Estuvo controlado por la defensa y no pudo inquietar, excepto una vez que exigió a Muñoz. Muy poco para todos sus pergaminos.
Javier López: Ingresó con el partido ya definido. Hizo lo que pudo en un contexto desfavorable.
José Ramírez: No cambió nada en el desarrollo en pocos minutos.
Fernando González: Entró faltando diez minutos. ¿Para qué?
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